Te fuiste a tu servicio de Emaús, que para ese entonces yo ni siquiera era capaz de pronunciar bien (mi dislexia). Y mientras estabas allá, te subías a los palos de mango para que el teléfono agarrara señal y poder hablar conmigo.
Desde acá afuera, y conociendo cada vez más esa vocación tuya por el servicio, empezaste a llamarme mucho más la atención. Me hiciste la invitación a la Misa de recibimiento, algo totalmente nuevo para mí, pero decidí ir para acompañarte en ese momento. Aunque recuerdo que ese día te enojaste conmigo porque te hice pensar que no iba a asistir… y de repente: ¡taran! Ahí estaba. 😂
Después fuimos al cumpleaños del Dioge y, sin darnos mucha cuenta, nos robamos las miradas y los chismes de medio EJ. Pero nosotros, en lo nuestro, como si nada. Sí, mijita.